Dia tres:Serena

9:28 a.m.


A lo largo de estos 3 años en la selva de colombiamoda, he aprendido a moverme. Muchas veces pisando en falso y cayendo en abismos, otras, corriendo con más suerte y aferrándome a lianas que me llevan a paraísos ocultos. En esta jungla del vestir se apilan toda clase de criaturas, como fieras que abrevan de un pozo de agua fresca. He sido presa de muchas de ellas, y también he depredado a algunos. Pero hoy, hoy es diferente, he mutado en una criatura nueva. Y ese regalo de la evolución no lo dan a la entrada de ningún desfile, ni vienen en el bolsito que da Chocolyne. Se aprende, y con sangre (mis pies pueden dar fe de ello). Hoy, cansada y frente al espejo, me di cuenta que desvestí a una mujer nueva, una Katerina etérea, que comienza a dejar atrás absurdas ataduras.
El recinto de Plaza Mayor es el escenario anual de personajes que se enfundan en trajes más grandes que sus egos, de una danza macabra de fashionistas que seducen cámaras con  sonrisas larguísimas que aguardan una foto, o que se cuelan a una fila para fingir que son importantes, o que critican a los creadores para sentirse ilustrados en la moda… en fin, ya ustedes saben de que hablo.

Fotografías: Paola Rodriguez @paosfocus


En esta feria aprendí la importancia de la pasión por lo que se hace, aprendí que mientras tenga lectores (así sea uno) debo entregarle lo mejor de mí. Sin ponerme con esos apetitos de fama como una gomelita de escuela – y es como mucho respeto para quienes lo hacen-. Yo no quiero ser el pavo real de la feria, quiero ser un ave sutil y de alto vuelo, que tiene esa destreza para ver lo que muchos no quieren, y la astucia suficiente para llegar a donde quiere. Me convertí en un halcón sagaz y no una gallina encartada y eso lo agradezco a esta feria.




Y es que fueron 23 desfiles, 10 post, 7 outfits, y más de 33 horas en el recinto ferial, pero estoy dichosa. Y es que son tantos los motivos de mi alegría que no sé por dónde empezar, quizá sea una buena idea comenzar aplaudiendo la organización de Colombiamoda, que cada año es mejor, y la idea es seguir así hasta la perfección. A la disposición de Plaza Mayor, por cada año permitir convertir esas instalaciones en el parque de diversiones para adultos más grande de la ciudad (este año con tobogán incluido, no lo supero jajaja). Pero sobre todo por el talento de los expositores, esa magia que nutre la vida, y que nos recuerda porqué vale la pena seguir en tacones y con el celular en la mano, sin importar cuantas horas pasen. Y especialmente, a mis lectores, que me leen contra viento y marea, que toleran lo imperdonable y que ven en mí una opción diferente en ese universo de bloggeros. Gracias perpetuas a todos. 

PD: Estén porfa muy pendientes de las entradas porque aún tengo mucho que contar sobre esta feria, se despide una mujer rendida. Chaito

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