Una oda a la simpleza

4:01 a.m.


Hace poco cumplí años, y con el tiempo me he dado cuenta que llevo menos cosas encima. Cuando niña el arco iris no era suficiente, dos colitas con trenzas y moños de mi tamaño, apenas si suplían mis demandas de belleza; en la adolescencia, ser mujer es bañarse de brillo y decorato, es aderezar la vida con sensualidad y el leve afán de verse mayor (y disfruté cada minuto, no lo niego). Ya en la primera juventud me pasa algo extraño, y también lo veo en mis amigas, siento que no necesito estar trepada para ser la mejor versión de mi misma, por alguna razón extraña e incomprensible al mundo de la belleza, las mujeres tenemos una etapa, es corta pero potente, en que se es suficiente per se. No se trata de salir a la calle sin ropa interior o dejarse de afeitar –algunas desafortunadas hijas de Chita lo hacen a la vez-. No.  Se trata de usar ese conocimiento adquirido a lo largo de esas décadas de feminidad, para con la menor cantidad de recursos, hacer el mejor outfit posible. Pero esto se logra con dos factores, el primero, la belleza acabada que nos da la juventud; y el segundo, la experiencia ganada a lo largo de los años, cortos o largos, pero los años, nuestros años.

No soy de esas mujeres que anhelan quedarse petrificadas en su primavera dorada, en sus años mozos. Yo por el contrario, quiero pasar por mis edades con dignidad (el secreto es quemar muy bien las etapas). Vivir la edad que se tiene, más que un deber, es una lección de elegancia, un rasgo de clase y distinción. Me veo en esa mujer dueña de sus años como Carolina Herrera pero con la gracia de alguna de las chicas de Advanced Style pero no me reconocería en una caricatura juvenil como Donatella Versace (Aunque hay unas abuelas muy cool en Instagram que me ponen a dudar). Es deprimente ese aire de flor artificial -mareada y vinagre- que tienen esas mujeres que se rehúsan a crecer, son la versión más triste de Peter Pan.


Por definición, la elegancia es todo aquello que está dotado de gracia, nobleza y sencillez. Y precisamente esa sencillez el complemento más rotundo, porque sin duda alguna, la simplicidad es el escudo de una mujer segura.  ¿Qué hace una griega en sandalias romanas? Bajarse de los tacos y caminar en gladiadoras (acá les dejo la mejor forma de hacerlo) es hacerte alta y estilizada de un modo diferente, por algo las legiones romanas las calzaban, se adhieren al cuerpo y se hacen uno contigo, nunca admiten pasos en falso. Las prendas que transmiten esta sencillez, probada a lo largo de los siglos, son las que hasta hoy nos acompañan como un rastro de lo eterno. envolverse en una túnica ligera, y enfundar los pies en superficies planas, te hacen más cercana a la mítica Helena, y te alejan del cliché marchito de la gomela eternamente quinceañera. Ahí se las dejo...

















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