Noviembre: Sí, acepto.

7:46 a.m.

Tres semanas, dos argollas y una guía infalible.

—Y tú, Katerina Kokkinaki, aceptas como tu esposo a este hombre, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la…
     ¡No, Padre, no! Usted está confundido, esta no es mi boda, ni este mi marido… Esta que ve aquí no soy yo.

Es raro que mientras las otras niñas soñaban con “El Gran Día” de blanco como la pureza,  yo lo hacía también pero me levantada sudando y con un brinco de la cama. No odio las bodas, me encantan, me enloquecen y podría ir a tres a la semana, si me invitan. Tampoco soy una autoproclamada eterna soltera como Carrie Bradshaw. El día llegará y muy seguramente me sentiré bien, no huiré —lo prometo—. Pero no es algo que abrace con los ojos brillantes mientras miro al cielo. Tampoco soy ajena al encanto del rito, al aroma de las flores y al garbo de los vestidos de la ceremonia.  
He pensado todo el mes de noviembre (por eso me demoré tanto para postear, lento pero seguro), y con el fin de año, llega ese velo que cubre revistas y blogs, con ese aire de amor eterno, de las promesas que se cumplen. Pensé, me rondó mucho tiempo la idea en la cabeza, para llegar a la conclusión de que nadie está exento de un matrimonio —Asistir, organizar o protagonizar— sea el de un familiar, el de un amigo cercano, o ese compañero de trabajo que ni sabes cómo se llama, que te mete la invitación en el bolsillo como a la brava: ¿Qué hacer entonces? ¿El típico vestido negro con esa cartería brillante que te salva de cada lío? ¿Ponerse de creativa y correr el riesgo de ser mal recordada? Preguntas que nos atacan cuando vemos esa mano que se estira hacia nosotros con el sobre y el moño: “Juan y Pedro te invitan a su…”. Calma. Cómo también me atacan las mismas preguntas, he decidido hacer catarsis todo el mes: preguntar, llamar, entrevistar, probar y recolectar todo el material para establecer una guía, una muy infalible, para asistir a las bodas y robarle el brillo a la novia, al fin y al cabo, no lo va a necesitar más jajaja ¡mentiras!

Por ahora les adelanto que tendremos entrevistas con diseñadores, wedding planner, fotógrafos y estilistas de toda mi confianza y gusto; y un resumen exquisito con todo lo que necesitan saber este noviembre lleno de alianzas y lágrimas emoción sobre el rímel. Así que, estén muy pendientes porque vamos a hablar desde el pelo, hasta los zapatos. Bienvenidas al especial de novias.  Lo que Dior ha unido, no lo separe el hombre… ni la mujer.
  
Besos y abrazos.
|K|

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